Por: Camila Castro
Chloe Malle no es un nombre nuevo en el mundo editorial, pero hasta hace poco, era uno de esos que se movían entre bastidores. Hoy, con su nombramiento como Head of Editorial Content de Vogue, pasa del detrás de escena al centro del tablero. Y aunque su llegada no vino con titulares ruidosos, representa un movimiento clave dentro del futuro del periodismo de moda.
Para entender su impacto, hay que conocer primero quién es. Chloe Malle es escritora, editora y periodista. Hija de la actriz Candice Bergen y del director Louis Malle, creció en un entorno donde la cultura, el cine y la narrativa estaban en el ADN familiar. Pero más allá de ese linaje, se ha ganado su reputación por méritos propios: su trayectoria combina rigor periodístico, visión editorial y una comprensión natural de cómo la moda dialoga con la cultura.
Su historia con Vogue empezó hace más de una década, cuando trabajó como editora de la sección social, escribiendo sobre los entornos en los que la moda y la vida se cruzan. Después, pasó por The New York Times como editora de sociedad, donde perfeccionó una mirada aguda para detectar tendencias sociales y culturales, no solo estéticas. Esa capacidad para leer el contexto más allá de la pasarela, es lo que hoy la convierte en una figura estratégica para Vogue.
El cargo de Head of Editorial Content no es menor. Es el rol que, en el ecosistema actual de Condé Nast, define el tono, la voz y la narrativa de la publicación. En una era donde la moda compite con TikTok, influencers y algoritmos, la misión de Malle será enorme: mantener la autoridad cultural de Vogue mientras la adapta a una audiencia más diversa, más global y más crítica.
Su llegada también marca un cambio generacional y de enfoque. Mientras Anna Wintour continúa como Chief Content Officer y figura icónica, Malle representa una nueva etapa en la que la dirección editorial busca equilibrio entre el legado y la evolución. No se trata de romper con el pasado, sino de construir sobre él con nuevas herramientas y sensibilidades.
Lo que hace interesante su perfil es que no proviene del espectáculo ni de la moda como performance, sino del periodismo. Y eso puede transformar la forma en que Vogue cuenta las historias. Si los últimos años se centraron en la imagen, Malle podría devolverle protagonismo a la palabra: a los reportajes de fondo, a las conversaciones con peso, a la exploración de cómo la moda refleja los cambios culturales y sociales.
También hay algo simbólico en su ascenso. Durante años, muchas de las figuras más visibles del mundo editorial han sido rostros reconocibles y personalidades de culto. Malle, en cambio, es la figura del pensamiento. No necesita ser protagonista para ejercer poder. Su estilo de liderazgo parece venir de la observación, no del espectáculo. Y eso, en una industria acostumbrada a la inmediatez, puede ser su mayor fortaleza.
El impacto de Chloe Malle no se sentirá de inmediato. No habrá giros radicales ni portadas de ruptura. Pero sí una nueva coherencia, una intención de fondo: que la moda vuelva a tener conversación, contexto y contenido. En tiempos donde todo pasa rápido, Malle parece querer recordarnos que el periodismo de moda también puede detenerse a pensar. Eso también es una forma de revolución.


