Por Oscar Peña
Director Creativo – Digitas Colombia
No es nuevo afirmar que la inteligencia artificial llegó para sacudir la forma en la que trabajamos los directores de arte, pero lo que podemos asegurar es que esté cambio es positivo. Ahora podemos probar estilos, efectos y técnicas visuales que antes eran impensables o que tomaban mucho tiempo con los programas de siempre. Hoy en día en vez de quedarnos horas frente a la pantalla armando pruebas, tiramos ideas y la IA nos devuelve imágenes en segundos; es como tener un asistente creativo que no duerme, siempre listo para explorar caminos nuevos, que nos permite jugar más, ensayar sin miedo y salirnos del molde con mucha más frecuencia.
Esa libertad creativa también nos ayuda a redefinir lo que realmente significa “Dirección de Arte”. Porque sí, cualquier IA puede generar imágenes, pero alguien tiene que decidir hacia dónde va todo. Hay que marcar el estilo, elegir lo que funciona y darle coherencia visual a la idea, ahí es donde el ojo del director de arte hace toda la diferencia, dejamos de estar tan metidos en la ejecución pura y dura, y pasamos a enfocarnos más en lo conceptual, en lo narrativo, en el porqué de cada pieza, en lugar de diseñar con las manos, dirigimos con la cabeza.
Todo esto se traduce en una cosa clave: el tiempo. Los procesos se vuelven mucho más ágiles y eficientes, sin perder calidad, lo que antes llevaba días, ahora puede resolverse en horas, eso nos da espacio para pensar mejor, para revisar, para ir más allá en las ideas sin correr detrás de los deadlines. La IA no nos reemplaza, nos empuja a ser más estratégicos, más creativos y más valientes, y en una industria que vive de sorprender, la IA se convierte en el mejor regalo que un director de arte o cualquier creativo dentro o fuera de la industria publicitaria puede tener.