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walk of shame

El walk of shame, pero make it fashion

Por: Camila Castro

Hay diseñadores que presentan colecciones. Y luego está Glenn Martens, da grandes espectáculos como ya conocemos, en esta ocasión parece organizar after parties textiles y luego decide que el verdadero espectáculo ocurre a la mañana siguiente.

La nueva colección FW26 de Diesel parte de un concepto tan poco glamoroso como irresistible: el “walk of shame”. Esa caminata al amanecer, cuando la ciudad todavía bosteza y tú llevas puesta la evidencia de la noche anterior. Pero Martens no lo convierte en cliché ni en caricatura. Lo transforma en estética.

Si algo ha defendido Diesel históricamente es la idea de vivir sin pedir permiso. La marca ha construido campañas y colecciones alrededor de la libertad individual, del hedonismo sin culpa y después de todo el denim siempre fue el referente de uniforme de rebeldía cotidiana. Con Martens, esa narrativa se vuelve más exagerada, más consciente de sí misma y, curiosamente, más sofisticada (A pesar de lo que representa y como puede escandalizar a algunas personas).

La inspiración que él mismo describe como “next-day energy” es precisa: despertar después de la noche de tu vida y verte como un desastre… pero uno un poco más calculado y sofisticado. Esta pasarela nos presentó ese look ligeramente arrugado, un poco torcido, que no debería funcionar y sin embargo funciona mejor que cualquier otro.

Desde el inicio del desfile, el mensaje fue claro. El denim, columna vertebral de la casa, apareció manipulado para simular arrugas permanentes. Jeans anchos con pliegues congelados, abrigos arquitectónicos que parecían haber dormido en el suelo de algún lugar y tops clásicos intervenidos para verse descolocados, torcidos y un poco fuera del lugar.

En ese punto es inevitable pensar en Jeremy Scott, especialmente en su capacidad para empujar el humor y la cultura pop hasta el límite. Pero donde Scott suele abrazar el espectáculo y la ironía, Martens opta por una irreverencia más cruda y menos cartoon.

La colección avanza y el caos se vuelve más elaborado. Aparecen abrigos de sastre desestructurados con texturas de lana complejas, como si distintos textiles hubieran decidido convivir en la misma prenda por supervivencia, no necesariamente porque deben ir juntos. Los popurrís textiles no se ven accidentales, se ven meticulosamente construidos para parecer accidentales.

Luego llegan las prendas de punto, tanto con espíritu high street como con siluetas más clásicas, intervenidas con bordados florales. Y cuando creemos haber salido del territorio del denim, llegan prendas transformadas y revolucionadas como denim tratado para emular terciopelo en siluetas abullonadas y arquitectónicas.

Lo interesante es que, pese al concepto subido de tono, nada resulta chocante para la identidad de Diesel. Al contrario. La colección se siente como una amplificación natural de su ADN. Y ahí radica la jugada inteligente. En lugar de romantizar únicamente la fiesta, romantiza la consecuencia estética de haberla vivido. El desorden se convierte en lujo.

Hay algo refrescante en esta propuesta. Martens entrega color, volumen, textura y una alegría ligeramente caótica. Más colorido, más exagerado, más libre. La construcción técnica detrás de cada pieza es evidente, mucha gente suele criticar el poco nivel de detalle que puede tener una prenda y como la manufactura de la misma no refleja su precio o su valor, pero la realidad es que es más difícil y tiene una labor más intensa el hacer que una prenda se vea intencionalmente desaliñada que completamente pulida.

FW26 no es solo una colección sobre el “walk of shame”. Es un recordatorio de que una casa de moda puede reírse de sí misma sin perder precisión. Y que a veces el mejor look no es el que planeaste a las ocho de la noche, sino el que sobreviene a las ocho de la mañana.

 

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