Por: Camila Castro
En los últimos días, una imagen se ha repetido en redes sociales, en escenarios de moda y en las calles: celebridades como Pedro Pascal, Troye Sivan, Charli XCX, Tate McRae, e incluso diseñadores como Haider Ackermann, han sido fotografiados usando una camiseta blanca con el mensaje “Protect the Dolls”.
A simple vista, puede parecer un eslogan bonito, pero detrás de estas tres palabras se esconde una carga social poderosa. Esta camiseta no es simplemente una pieza de moda; es un grito de protesta, una herramienta de visibilidad, y un recordatorio de que la ropa siempre ha sido, y sigue siendo, un lenguaje político.
La camiseta fue presentada por el diseñador Connor Ives al final de su desfile autumn/winter 2025, celebrado en febrero. A partir de ahí, la prenda adquirió vida propia. Pero para entender su impacto, primero tenemos que detenernos en la historia del objeto mismo: la camiseta blanca.
Antes de los años 50, las camisetas eran consideradas exclusivamente ropa interior. Pero entonces llegaron figuras como Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo y James Dean en Rebelde sin causa, quienes transformaron esa prenda básica en un símbolo de rebeldía juvenil y antiautoritaria. La camiseta blanca, simple y directa, comenzó a cargarse de significados sociales que excedían su funcionalidad. Era un mensaje.
Décadas más tarde, vimos camisetas estampadas con frases feministas en las protestas de los 70, camisetas de Act Up en la lucha contra el VIH/SIDA en los 80, y diseños de Katharine Hamnett en los 90, cuando usó camisetas con mensajes políticos (como “58% Don’t Want Pershing” contra los misiles nucleares) para aparecer frente a la mismísima Margaret Thatcher. Incluso recientemente, las camisetas de Dior con frases como “We Should All Be Feminists” se convirtieron en parte del debate sobre la representación del feminismo en la industria.
Hoy, ese mismo espíritu de protesta vuelve a aparecer, esta vez de la mano del movimiento trans. La camiseta de Connor Ives llega en un momento crítico: recientemente, en Reino Unido, la Corte Suprema falló que la definición legal de “mujer” bajo la Equality Act de 2010 no incluye a mujeres trans con certificados de reconocimiento de género. Es un golpe devastador para los derechos trans, en un momento en que, además, en Estados Unidos las protecciones legales para esta comunidad se ven afectadas por políticas federales desde la llegada de Donald Trump al poder en 2025.
Por eso, la decisión de donar todos los ingresos a Trans Lifeline (una organización dirigida por personas trans que ofrece apoyo emocional y recursos esenciales) no es solo un acto de moda, es un acto político. Porque cuando el gobierno falla, cuando las leyes retroceden, las comunidades buscan nuevas formas de apoyarse, y la moda se convierte en una plataforma para amplificar esa lucha.
Es importante recordar: la moda no siempre ha sido superficial ni vacía. Las prendas pueden ser un vehículo de poder. Pueden ser pancartas ambulantes, símbolos de resistencia, recordatorios constantes. Cuando vemos a estas celebridades vistiendo camisetas con mensajes, no es solo estética: es solidaridad, es visibilidad, es un llamado de atención.
La camiseta blanca de los 50, que una vez representó la rebeldía masculina contra el orden establecido, hoy representa algo mucho más amplio: la lucha por el derecho de cada persona a existir, a ser reconocida, a ser protegida. La frase “Protect the Dolls” es una declaración simple, pero cargada: proteger a las muñecas significa proteger a quienes la sociedad ha decidido volver vulnerables, significa reconocer la humanidad plena de las personas trans, significa actuar.
Así que la próxima vez que veamos esa camiseta en Instagram, en revistas o en la calle, no pensemos solo en la prenda. Pensemos en la historia de todas esas camisetas que antes sirvieron para protestar. Pensemos en cómo la moda tiene el poder de traducir luchas sociales en símbolos tangibles. Y, sobre todo, pensemos en cómo cada acto, incluso vestirse, puede ser una forma de resistencia.