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Fendi

La reconstrucción silenciosa de Fendi a cargo de Maria Grazia Chiuri

Por: Camila Castro

Si algo dejó claro este inicio de Milan Fashion Week es que no todos los debuts necesitan pirotecnia. La primera colección de Maria Grazia Chiuri para Fendi se presentó como una reconfiguración interna. Y eso, en el sistema actual de la moda, es casi un gesto radical.

Chiuri no llega a Fendi como una figura externa convocada para “reinventar” la casa. Regresa al lugar donde inició su carrera en 1989. Esa cronología importa porque cambia la narrativa habitual del los cambios directorales en las casas de moda. No es una diseñadora que aterriza con una estética ajena para imponerla. Es alguien que conoce la estructura desde dentro, que entiende que Fendi no nació como un laboratorio conceptual, sino como una casa familiar con un ADN profundamente romano y una especialización histórica en el diseño y el manejo de las pieles.

Antes de este capítulo, Chiuri consolidó una trayectoria que la convirtió en una de las directoras creativas más influyentes de la última década. En Valentino, junto a Pierpaolo Piccioli, ayudó a redefinir el romanticismo contemporáneo. Más tarde, en Dior, construyó una narrativa sostenida alrededor del feminismo, la artesanía y el diálogo con artistas e intelectuales. En ambos casos, su sello fue claro: coherencia discursiva a largo plazo. En Fendi, sin embargo, la operación es distinta. Aquí el énfasis no está en instalar una nueva visión, sino en reordenar un legado.

El lema elegido para esta nueva etapa, y esta colección es: “menos yo, más nosotros. Chiuri desplaza el foco hacia la colectividad y hacia la memoria de las cinco hermanas Fendi: Paola Fendi, Anna Fendi, Franca Fendi, Carla Fendi y Alda Fendi. Es una declaración de estructura: Fendi fue, desde su origen, una construcción plural.

En pasarela, esa idea se tradujo en una colección primavera verano 2026, el gesto más evidente fue la decisión de presentar hombres y mujeres compartiendo un mismo universo visual. Este cruce no implica neutralidad. La colección introduce destellos de color, rojos intensos y amarillos estratégicos, además de estampados con presencia clara. Sin embargo, el negro permanece como columna vertebral. Y, sobre todo, la piel continúa siendo el núcleo identitario. Chiuri no elimina el código histórico de la casa peletera. Lo actualiza mediante combinaciones con satén, encaje y transparencias.

También resulta significativo que Chiuri elija no replicar de forma literal el enfoque feminista que caracterizó su etapa en Dior. En Fendi, se creó una disolución de fronteras entre lo masculino y lo femenino, la valorización del trabajo colectivo, la reivindicación de la historia familiar.

Si algo ha demostrado Maria Grazia Chiuri en su trayectoria es que su fortaleza no reside en el espectáculo momentáneo, sino en la construcción paciente de identidad. En Fendi, esa habilidad se manifiesta como un ejercicio de edición: conservar lo esencial y proyectar una nueva era sin negar la anterior.

En una temporada donde muchos debuts intentan imponer una firma desde el primer minuto, Chiuri eligió algo más complejo: integrarse a una historia existente y reescribirla desde dentro.

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