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Tendencias

Las instituciones y la selección de las tendencias

El día de hoy estaba leyendo noticias y me encontré con el anuncio de WGSN y Coloro sobre “Radiant Earth” como el color del año 2028. Por un momento me sentí fuera de lugar. Hace poco estaba leyendo, e incluso escribiendo, sobre el color de Pantone para 2026. Y aunque esto ha sido parte de la industria durante años y es esperable que distintas plataformas de tendencias hagan este tipo de anuncios y proyecciones, la pregunta surgió casi de inmediato. ¿Quién define realmente estas decisiones y cómo se construyen?

La idea de un “color del año” puede parecer simple desde afuera. Un tono, un nombre atractivo y una narrativa que lo acompaña. Pero detrás hay un sistema bastante estructurado que combina análisis cultural, datos de consumo y lectura de contexto global. No es una elección impulsiva ni puramente estética. Es, en muchos sentidos, una interpretación del momento.

En el caso de Pantone, el proceso está liderado por el Pantone Color Institute. Cada año, un grupo de especialistas en color analiza lo que está ocurriendo en diferentes industrias. Moda, diseño, arte, tecnología, entretenimiento. También observan cambios sociales, movimientos culturales y hasta el estado emocional colectivo. No se trata solo de qué colores se están usando, sino de por qué están apareciendo.

El resultado es una selección que busca capturar un sentimiento general. Por eso, más allá del tono específico, siempre hay una narrativa. Pantone no solo dice “este es el color”, sino “esto es lo que representa”. En años recientes, esa narrativa ha estado muy ligada a temas como la calma, la resiliencia o la conexión. El color funciona como una especie de resumen visual de ideas más amplias.

Por otro lado, el enfoque de WGSN y Coloro opera desde una lógica distinta, aunque complementaria. WGSN es una plataforma de predicción de tendencias que trabaja con análisis de datos, comportamiento del consumidor y proyecciones a largo plazo. Su alianza con Coloro, que aporta un sistema de codificación del color más técnico, permite traducir esas predicciones en tonos específicos que pueden ser utilizados por distintas industrias.

A diferencia de Pantone, que suele anunciar su color del año con relativamente poco tiempo de anticipación, WGSN trabaja con horizontes más amplios. El hecho de que ya estén hablando del color de 2028 no es casual. Su modelo se basa en anticipar lo que vendrá, no solo en interpretar el presente. Para hacerlo, analizan patrones en redes sociales, cambios en hábitos de consumo, innovación tecnológica y hasta variables económicas y climáticas.

“Radiant Earth”, por ejemplo, responde a una lectura del contexto global. Un interés creciente por lo natural, por lo sostenible, por una reconexión con lo esencial. Este tipo de predicciones no buscan únicamente influir en la moda, sino también en sectores como el diseño industrial, la arquitectura o el branding.

Entonces, ¿quién define realmente el color del año? La respuesta corta es que no hay una sola autoridad. Existen distintos actores que proponen lecturas del momento desde sus propios sistemas y metodologías. Pantone tiene un peso simbólico muy fuerte, especialmente en comunicación y cultura popular. WGSN, en cambio, tiene una influencia más estratégica dentro de la industria, particularmente en procesos de diseño y desarrollo de producto.

Pero más allá de las diferencias, ambos casos revelan algo importante. El color no es solo una decisión estética. Es una herramienta de comunicación. Las marcas, los diseñadores y las industrias en general utilizan el color para conectar con las personas, para transmitir ideas y para posicionarse dentro de un contexto cultural específico.

También hay un componente de validación. Cuando una entidad como Pantone o WGSN señala un color, no lo hace en el vacío. Está, en cierta forma, organizando lo que ya está ocurriendo. Dándole un nombre y una dirección a algo que ya se percibe en el ambiente. Esto no significa que impongan tendencias desde cero, pero sí que ayudan a consolidarlas.

Al mismo tiempo, es válido preguntarse hasta qué punto estas predicciones influyen realmente en el consumidor final. En la práctica, el impacto es más evidente en las etapas iniciales del proceso creativo. Equipos de diseño, marketing y producto utilizan estas guías como referencia. Luego, esas decisiones se traducen en colecciones, campañas y objetos que llegan al mercado.

Desde afuera, puede parecer un sistema cerrado o incluso arbitrario. Pero en realidad funciona más como un diálogo constante entre observación y propuesta. Las agencias analizan lo que está pasando, lo interpretan y lo devuelven en forma de tendencias. La industria toma esas señales y las adapta. Y el ciclo vuelve a empezar.

Tal vez por eso, la sensación de desconexión que aparece al leer estas noticias no es tan extraña. Hablar del color de 2028 cuando aún estamos procesando el de 2026 puede sentirse adelantado. Pero es precisamente así como opera la moda y el diseño. Siempre un poco más adelante, tratando de traducir el presente en algo que todavía no termina de tomar forma.

 

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