Durante décadas, comprar una vivienda, conseguir un empleo estable y formar una familia fueron considerados pasos importantes hacia la vida adulta. Ahora para millones de jóvenes, esos objetivos parecen cada vez más difíciles de alcanzar debido al aumento del costo de vida, la transformación del mercado laboral y una creciente incertidumbre económica.
La adultez está cambiando de forma y la Generación Z es la primera en experimentarlo a gran escala. Los jóvenes ya no transitan hacia la vida adulta siguiendo los patrones que usaron generaciones anteriores. El acceso a vivienda propia se ha vuelto más difícil, los empleos son menos estables, las relaciones personales están mediadas por plataformas digitales y el poder económico y político se continúa concentrado en generaciones mayores.
El sociólogo Zygmunt Bauman, describió una sociedad caracterizada por vínculos menos permanentes y estructuras más flexibles. En ese contexto, la construcción de identidad, patrimonio y estabilidad son más importantes para la familia, la religión, la comunidad o el empleo de largo plazo.
El gran obstáculo para independizarse
La discusión suele centrarse en las nuevas dinámicas laborales o en los cambios culturales, el costo de la vivienda aparece como uno de los principales factores detrás de esta transformación.
En Reino Unido el precio promedio de una vivienda pasó de representar tres veces y media el salario medio en los años noventa a ocho veces en la actualidad. En Estados Unidos, la relación entre el valor de las viviendas y los ingresos familiares también se ha ampliado durante el mismo período.
La consecuencia es que los jóvenes retrasan su independencia económica y permanecen durante más tiempo en el hogar familiar. Las grandes metas patrimoniales son reemplazadas por gastos más pequeños y de gratificación inmediata, desde experiencias hasta productos de consumo personal.
El fenómeno también tiene evidencia en Colombia. De acuerdo con cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el tamaño promedio de los hogares colombianos ha disminuido durante las últimas décadas, mientras que los hogares unipersonales continúan creciendo. En paralelo, el acceso a vivienda se ha visto presionado por tasas de interés elevadas, aumento en los costos de construcción y una desaceleración en la venta de vivienda nueva.
Para los jóvenes profesionales que ingresan al mercado laboral, reunir la cuota inicial para comprar vivienda representa un reto mayor comparado a generaciones anteriores, especialmente en ciudades como Bogotá y Medellín, donde los precios de los inmuebles han crecido por encima de la capacidad de ahorro de la población joven.
La nueva realidad laboral
Durante gran parte del siglo XX, un empleo estable ofrecía ingresos previsibles, beneficios y una trayectoria profesional relativamente clara. La Generación Z registra permanencias laborales más cortas y enfrenta un mercado marcado por la automatización, el trabajo remoto y la incertidumbre económica.
Las declaraciones realizadas en 2025 por Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, quien advirtió que la inteligencia artificial podría afectar una parte importante de los empleos administrativos de nivel inicial durante los próximos años.
En Colombia, de acuerdo con cifras del DANE, el desempleo nacional se ubicó en 8% para mayo de 2026, el nivel más bajo para ese mes desde que existen registros comparables, aunque los jóvenes continúan enfrentando mayores dificultades para ingresar y mantenerse en el mercado laboral.
Las relaciones son más flexibles
Las relaciones personales también han cambiado. Antes de la llegada y expansión de internet, la mayoría de las parejas se conocían a través de círculos sociales, familiares o laborales. Ahora las aplicaciones de citas son usadas con mayor frecuencia para la formación de vínculos afectivos.
El resultado es una generación que se casa más tarde, tiene menos hijos y pasa más tiempo viviendo sola. El auge de fenómenos como las “situationships“, relaciones sin compromisos claramente definidos, refleja esa flexibilidad en la creación de vínculos.
Un futuro decidido por generaciones mayores
Quizás el elemento más “inquietante” para los jóvenes sea la sensación de tener poca influencia sobre las decisiones que moldearán su futuro.
Las personas menores de 30 años representan la mitad de la población mundial y continúan liderando en los espacios donde se concentra el poder económico y político. En Estados Unidos, por ejemplo, los “Baby Boomers” controlan más de la mitad de la riqueza nacional pese a representar una fracción mucho menor de la población.
La consecuencia es una creciente desconfianza hacia instituciones como los gobiernos, los medios de comunicación y las grandes empresas. Las organizaciones que logren conectar con las nuevas generaciones serán aquellas capaces de incluirlas en la toma de decisiones y ofrecerles la construcción de un futuro sostenible.
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