El nadador brasileño y medallista de bronce olímpico Bruno Fratus, recientemente designado embajador de la salud mental del COI, nos habla sobre su trayectoria con la salud mental y los motivos por los que quiere ayudar a otros deportistas.
Como castigo a sí mismo tras perder una medalla en el Campeonato del Mundo de 2011, el nadador Bruno Fratus empezó a entrenar a un nivel que rozaba lo peligroso.
Además, no llegó a cumplir con las expectativas generadas en Rio 2016, los Juegos que se celebraron en su país natal, lo que le hizo tocar fondo y darse cuenta de que debía priorizar mucho más su salud mental.
Aunque ganó una medalla de bronce en Tokyo 2020, se vio obligado a retirarse por una lesión el año pasado, antes de que lo nombraran embajador de la salud mental del COI.
Nos reunimos con Bruno para charlar sobre los altibajos de su carrera, qué fue lo que devolvió la alegría a su vida y cómo piensa ayudar a que otras personas también lo consigan.
En realidad, yo no me quería retirar. Aunque tenía demasiadas lesiones como para seguir, en mi cabeza sigo siendo un atleta. Mi intención era competir en 2024 y 2028 para sumar cinco participaciones en los Juegos Olímpicos.
Pero bueno, supongo que todos nos hacemos mayores, ¿no? Empecé a necesitar cirugías de forma recurrente y pasé por un proceso de rehabilitación de año y medio. Eso te hace perder la identidad; dejas de ser un competidor.
Cuando volví a nadar, además de los dolores empecé a tener ataques de ansiedad muy fuertes y a hiperventilar.
Un día tuve que sacar mi cabeza del agua porque olvidé cómo nadar. Mi mujer Michelle, que también era mi entrenadora y confidente durante los mejores años de mi carrera, me miró y dijo: «Vámonos. Esto se acabó».
El atleta que llevo dentro sigue ahí, pero ahora focalizo esa energía hacia nuevos propósitos.
La época más dura
Enfocarse en el aspecto de la salud mental tiene sentido por mi historia.
Mucha gente sabe que la época de Rio 2016 fue realmente dura. Mis resultados en los Juegos de mi país fueron un desastre.
Sin embargo, eso era solo la punta del iceberg. Todo empezó en el Campeonato del Mundo de 2011, en el que me clasifiqué en 13.er lugar para las semifinales masculinas y, para sorpresa de todos, quedé primero en el pase a la final.
De pronto, se empezaron a generar unas expectativas sobre mí que eran incompatibles con mi mentalidad en aquel momento. Terminé quinto y, a pesar de que en un principio no esperaba conseguir nada, me fui muy decepcionado.
A partir de ese momento, empecé a entrenar con rabia, como si tuviera que vengarme de algo. Además, el hecho de quedarme a dos centésimas de segundo del podio en Londres 2012 empeoró aún más las cosas.
Me lesioné la espalda pocos meses antes de los Juegos de Río y tuve que dormir en el suelo porque el colchón era demasiado blando. No estaba pasando por mi mejor momento y eso se vio reflejado en los resultados.
Pasé por momentos realmente duros, en los que incluso me llegué a plantear si debería seguir viviendo.
Fue ahí cuando empecé a trabajar con la psicóloga brasileña Carla Di Piero para convertirme en un atleta mejor y más inteligente a nivel tanto físico como emocional.
Cuidémonos mutuamente
Por eso me entusiasma tanto mi papel como embajador de la salud mental del COI. Siento que se me ha brindado una oportunidad excepcional para hacer algo con toda la valiosa información con la que cuento ahora.
Estoy deseando ayudar, especialmente porque se ha demostrado que los problemas de salud mental se pueden superar si se cuenta con la ayuda adecuada.
No pasa nada por tener épocas malas. Tanto yo como el resto de embajadores estamos aquí para ayudar a los atletas a salir de ellas. Es el momento de cuidarnos unos a otros.
La gente admira a los atletas. Metafóricamente hablando, muchas personas nos tienen en un pedestal, si empezamos a cuidar de nuestra salud mental, otros también lo harán. Con mi labor no solo quiero ayudar a los atletas, sino también al resto del mundo.
Nunca te rindas
Conseguí ganar una medalla de bronce en Tokio y fue el mejor día de mi vida. Lo recuerdo como algo casi legendario, como si el niño de 11 años que soñaba con ser atleta olímpico se hubiera convertido en su propio superhéroe.
Nunca dejes de perseguir tus sueños. No me cansaré de decirlo. Sigue, insiste, persevera y no te rindas.
Hablamos sobre la Tregua Olímpica, sobre cambiar el mundo a través del deporte, y yo creo firmemente en este objetivo. Quiero hacer todo lo que esté en mi mano para mejorar la vida de los atletas.


