Por: Camila Castro
El nombramiento de Pieter Mulier como nuevo director creativo de Versace marca un momento clave para la casa italiana, no solo por su perfil profesional, sino por el contexto en el que llega, una etapa de transición bajo la propiedad del Grupo Prada y tras una sucesión de cambios en la dirección creativa de la marca en los últimos años.
Prada Group confirmó la designación de Mulier esta semana, señalando que asumirá oficialmente el cargo el 1 de julio, con la posibilidad de presentar su primera colección en septiembre durante la Semana de la Moda de Milán. En el comunicado conjunto, Prada y Versace describieron la decisión como “el comienzo de un nuevo capítulo para la marca”, una frase que cobra peso si se revisa la trayectoria reciente de su liderazgo creativo.
Durante casi tres décadas, Versace estuvo prácticamente sin rotación en su dirección creativa. Tras el asesinato de Gianni Versace en 1997, Donatella Versace asumió el rol y se convirtió en la figura central de la casa. Bajo su mando, la marca consolidó su identidad visual y fortaleció su presencia global, especialmente en el ámbito de las celebridades y el espectáculo.
Sin embargo, esa estabilidad comenzó a tambalear recientemente.
En 2025, Versace vivió uno de sus cambios más abruptos cuando Dario Vitale tomó el mando creativo tras la salida operativa de Donatella. Vitale, con pasado en Miu Miu, presentó su debut en la Semana de la Moda de Milán en septiembre, una colección que fue recibida con interés. Su mandato, sin embargo, duró apenas una temporada. En diciembre de 2025, pocos días después de que Prada concretara la compra de Versace al grupo Capri Holdings, Vitale fue relevado de su cargo. La decisión dejó claro que la nueva propiedad tenía una visión distinta para el futuro creativo de la casa.
Prada apostó por Pieter Mulier desde antes incluso de cerrar formalmente la adquisición de Versace por €1.25 mil millones. Lorenzo Bertelli, presidente ejecutivo de Versace y heredero de Prada, afirmó que Mulier había sido identificado con antelación como “la persona adecuada para la marca”.
Mulier llega a Versace tras cinco años al frente de Alaïa, donde sucedió al fundador Azzedine Alaïa, una tarea compleja que logró manejar con reconocimiento crítico y comercial. Su trayectoria incluye además colaboraciones clave con Raf Simons en Jil Sander, Dior y Calvin Klein.
Más allá de lo creativo, el nombramiento de Mulier responde a una necesidad estratégica. Durante los siete años en los que Versace perteneció a Capri Holdings, la marca tuvo un crecimiento. Aunque su relevancia cultural sigue siendo alta, su desempeño financiero no ha estado al nivel de otras grandes casas de lujo.
Si se observa el panorama de los últimos años, Versace ha pasado de tener una directora creativa estable durante casi 30 años a experimentar dos cambios en un lapso muy corto: primero Vitale y ahora Mulier.
Con Mulier al mando, Versace entra en una fase en la que la creatividad deberá alinearse con una estrategia de negocio más rigurosa. Su tarea será traducir el enorme reconocimiento cultural de la marca en un crecimiento sostenible, sin perder la identidad que la ha hecho icónica.


