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La simbiosis entre un estilista y su cliente

Por: Camila Castro

En la industria de la moda, el estilista no es un simple proveedor de vestidos. Es un traductor encargado de construir una narrativa. Cuando esa traducción falla, la imagen se ve correcta pero no memorable.

El caso de Margot Robbie es un ejemplo preciso de cómo la sintonía creativa puede redefinir una carrera en términos de imagen.

Durante años, Robbie trabajó con Kate Young, estilista con una trayectoria y portafolio sólido, alguien que tenia experiencia en grandes casas y fue inclusive la asistente personal de Anna Wintour en Vogue. Lo que Kate Young proponía era claro: elegancia clásica, siluetas limpias, referencias al Hollywood tradicional. Hubo momentos acertados, pero en conjunto la narrativa se percibía fragmentada, aburrida y no tenía siempre armonía.

El problema no era la calidad de las prendas ni la relevancia de las marcas. Era la coherencia. En muchas apariciones públicas, Robbie parecía vestir piezas importantes sin que estas terminaran de integrarse a su personalidad. Había intención de esta elegancia por la que Kate Young es reconocida, pero no siempre conexión orgánica.

La transición a Andrew Mukamal marcó un cambio estructural. Mukamal no solo entendió la silueta y el cuerpo de Robbie, sino su capacidad de convertirse en personaje incluso fuera de pantalla. El enfoque dejó de ser simplemente “vestir bien” para convertirse en “contar algo”.

El momento decisivo fue la gira de prensa de Barbie. Allí ellos adoptaron el concepto de method dressing, por el cual estilistas como Law Roach es muy conocido ya que es un clave contemporánea para múltiples actores y celebridades. Robbie y Mukamal no replicaban disfraces, reinterpretaron el archivo de la Barbie en colaboración con casas históricas. Looks inspirados en versiones icónicas del juguete fueron recreados con piezas de alta costura y pret-a-porter, estableciendo un diálogo entre cultura pop y lujo.

Cada aparición se integraba a la promoción de la pelicula, reforzando la identidad del personaje sin diluir la identidad de la actriz. La alfombra roja se convirtió en extensión del set y el resultado fue inmediato: viralidad y posicionamiento como referente de moda. Robbie pasó de ser una actriz bien vestida a convertirse en un caso de estudio sobre branding personal en la industria del entretenimiento.

Con Mukamal, la imagen de Robbie adquirió estructura. Este enfoque continúa ahora con la adaptación de Wuthering Heights. Aunque el proyecto pertenece a otro registro narrativo, la expectativa gira en torno a cómo Mukamal traducirá la atmósfera romántica y oscura de la obra a las apariciones públicas y giras de prensa. Si Barbie fue color y archivo, Wuthering Heights podría implicar una exploración más contenida, texturas densas y referencias victorianas.

Un buen estilista entiende proporciones, casas de moda y tendencias. Uno excepcional entiende narrativa, timing y psicología pública. Detecta cuándo la imagen necesita continuidad y cuándo necesita ruptura.

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