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Nueva York vuelve a hablar

Por: Camila Castro

New York Fashion Week inicia una nueva temporada con una pregunta implícita: ¿qué significa hoy vestir desde Nueva York? En un calendario global saturado de espectáculo, la ciudad parece apostar por algo más introspectivo. Esta primera jornada dejó claro que la conversación no gira únicamente en torno a la tendencia, sino a la identidad. Y algunas marcas lo lograron: Tory Burch, Proenza Schouler y Carolina Herrera.

La colección Fall Winter 2026 de Tory Burch se construye como una reflexión sobre permanencia en tiempos de inestabilidad. En lugar de perseguir el impacto inmediato, la diseñadora mira hacia los arquetipos que han definido las prendas femeninas.

Cardigans estructurados, vestidos de silueta drop waist, sastrería y piezas de sportswear aparecen bajo una nueva proporción. La colección propone que los clásicos no son estáticos, sino maleables cuando se someten a la experiencia personal.

El trabajo artesanal sostiene gran parte del discurso. Los cardigans bordados en badla, realizados por artesanos en India, introducen un brillo sutil que transforma prendas cotidianas en piezas de intención. Los corduroys en tonos durazno y azafrán aportan una dimensión cromática cálida que contrasta con la estructura general. Los suéteres de lana Shetland, cepillados hasta alcanzar una textura ligera, suavizan la rigidez de la sastrería.

Por otro lado el debut de Rachel Scott al frente de Proenza Schouler era uno de los momentos más observados de la semana. Tras la salida de sus fundadores hacia Loewe, la marca enfrenta la tarea de redefinir su identidad sin perder los códigos que la posicionaron como sinónimo del estilo neoyorquino.

Scott centró su propuesta en la idea de autoría personal. La mujer Proenza, según su visión, puede elegir qué versión de sí misma quiere ser cada día. Esa idea se tradujo en prendas que parecían vestidas con prisa. Un vestido de seda con arrugas incorporadas mediante construcción interna. Faldas torcidas alrededor del cuerpo. Cuellos que no encajan donde se espera.

La intención conceptual era celebrar la imperfección. Sin embargo, la ejecución se mantuvo cercana a los básicos que históricamente han definido la marca. La colección fue coherente, pero no necesariamente disruptiva. Si bien los códigos permanecen, la nueva perspectiva aún no se siente completamente desarrollada.

Fue un debut sólido, medido y respetuoso con el archivo reciente de la casa. Pero en un momento de transición, quizá se esperaba una reinterpretación más radical del legado de Jack McCollough y Lazaro Hernandez. La sensación final es de continuidad, de algo que hace falta y que Scott debe explorar a mayor profundidad.

Si hay una casa que entiende con precisión lo que su mujer quiere proyectar, es Carolina Herrera. Bajo la dirección de Wes Gordon, la marca ha logrado mantener su herencia clásica mientras introduce gestos contemporáneos sin forzar la narrativa.

En esta nueva colección, Gordon reafirma su comprensión del glamour. Siluetas definidas, volumen estratégico y un manejo del color que equilibra dramatismo y sofisticación. Todas sus colecciones tienen algo que siempre resalta y es que funciona porque es un diseñador que entiende el cuerpo y el contexto social en el que se mueve, me atrevo a decir que es uno de los diseñadores que más tiene presente la silueta femenina a la hora de crear.

La audacia de Wes Gordon aparece en detalles de construcción y proporciones. En una semana donde muchas marcas exploran nuevas identidades, Carolina Herrera ofrece la estabilidad que necesitábamos.

Nueva York no está intentando competir con el espectáculo europeo. Es un escenario que sabe que maneja su propio ritmo, uno que se mueve entre memoria, pragmatismo y una reinterpretación gradual de sus códigos históricos. NYFW no juega a ser lo que no es, tiene muy clara la influencia que tiene en la industria y que si sigue como va, es un magnetismo que siempre tendrá, después de todo la temporada apenas comienza.

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