Por: Camila Castro
En un año donde las sillas editoriales en Condé Nast parecen moverse con la misma frecuencia que las tendencias, GQ no se quedó al margen del reajuste. La cabecera acaba de nombrar a Adam Baidawi como su nuevo Global Editorial Director, un movimiento que no solo marca el cierre de una etapa, sino que redefine quién sostendrá la conversación masculina global desde ahora.
Desde 2021 se desempeñaba como deputy global editorial director de GQ y head of editorial content en la edición británica, supervisando la dirección editorial global del título. Conoce la arquitectura interna, entiende las dinámicas internacionales y ha sido parte activa en la evolución reciente de la marca. Su historia con GQ se remonta aún más atrás: su primera firma apareció hace más de 15 años en la edición australiana. En pocas palabras es un producto del sistema que ahora debe dirigir.
Reemplaza a Will Welch, quien deja el cargo para asumir una nueva oportunidad en París junto a Pharrell Williams. Los editores ya no orbitan exclusivamente en medios, se integran a plataformas creativas donde moda, música y marca personal convergen. El poder editorial se ha desplazado hacia espacios híbridos, y las revistas deben redefinir su papel dentro de ese ecosistema.
Baidawi comienza de inmediato y debutará oficialmente con la edición impresa de septiembre de 2026. Desde ahora tendrá bajo su supervisión la visión editorial y la estrategia de contenido de las 12 ediciones propias y operadas de GQ en el mundo. Esa cifra no es menor. Mantener coherencia global en mercados con sensibilidades culturales distintas es uno de los desafíos más complejos de la industria contemporánea.
En su nuevo rol también supervisará Pitchfork, liderado por Mano Sundaresan. Esta integración amplía el alcance cultural de GQ más allá de la moda masculina tradicional. Habla de una estrategia que entiende que estilo y música son conversaciones interdependientes.
El contexto dentro de Condé Nast refuerza la sensación de reconfiguración general. En septiembre pasado, Chloe Malle asumió como directora global de Vogue, mientras Anna Wintour mantiene su posición como global editorial director. En junio, Mark Guiducci dejó su rol como director creativo de Vogue para convertirse en el editor principal de Vanity Fair, reemplazando a Radika Jones y revitalizando el título con apenas dos ediciones. La sensación es clara, Conde Nast está en plena redistribución de poder.
Para GQ, el desafío es particularmente delicado. La masculinidad contemporánea ya no se define únicamente por estética o consumo aspiracional. Se discute desde política, identidad, cultura digital y redefinición de roles sociales. La revista debe navegar esa complejidad sin perder su autoridad histórica en estilo. Bajo Welch, GQ logró posicionarse en la intersección entre cultura pop, moda y comentario social.
Su trayectoria sugiere que entiende el equilibrio entre tradición y expansión digital. Pero el entorno exige algo más que equilibrio. La edición de septiembre 2026, históricamente una de las más influyentes del calendario editorial, funcionará como carta de presentación simbólica. No será simplemente su primer número, será una señal sobre hacia dónde quiere dirigir la narrativa masculina global.
El nombramiento de Adam Baidawi no es un movimiento aislado. Es parte de una estrategia más amplia donde Condé Nast redefine liderazgo para sostener relevancia en una industria que ya no concede tiempo para ajustes graduales. GQ apuesta por alguien que conoce su historia. Ahora deberá demostrar que también puede escribir su próxima etapa.


