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Christopher John Rogers y Old Navy están listos para redefinir la moda americana

Por: Camila Castro

Para mi Christopher John Rogers es un verdadero diseñador contemporáneo, es un artista con una visión única y muy peliculiar del diseño americano,  entender su arte requiere un análisis de su idioma natural: el color, y para esto hay que empezar lejos de las pasarelas, en Baton Rouge, Louisiana, donde creció. No en talleres de alta costura ni en archivos de casas europeas, sino en un entorno donde la ropa, la música y la celebración tenían una relación directa con la identidad. Antes de convertirse en uno de los nombres más reconocibles de la moda estadounidense contemporánea, Rogers ya estaba rodeado de elementos visuales intensos, cotidianos y profundamente arraigados a su cultura.

Su formación no responde al molde tradicional del diseñador que asciende a través de grandes maisons. Rogers se graduó del Savannah College of Art and Design, pero su verdadera educación estética parece haber sido más amplia. Ha hablado en varias ocasiones de la influencia de su entorno, de la manera en que en el sur de Estados Unidos el color no se percibe como algo accesorio, sino como parte integral de la expresión personal. Iglesias, eventos sociales, celebraciones familiares: espacios donde vestirse implica ser visto, donde la ropa no se esconde, sino que se ve como una forma de expresión necesaria.

Esa relación con el color también está profundamente conectada con la cultura afroamericana, donde la moda ha funcionado históricamente como herramienta de visibilidad, orgullo e identidad. En este contexto, el uso de tonos vibrantes no es una elección superficial, sino una forma de ocupar espacio, de construir presencia. Rogers toma esa herencia y la traduce a un lenguaje contemporáneo.

A esto se suma una influencia clara de diseñadores que, antes que él, entendieron el color como una estructura en sí misma. Aunque su trabajo es completamente propio, es posible leer ecos de figuras como Yves Saint Laurent en el uso del color como bloque, o de Christian Lacroix en la teatralidad de sus combinaciones. Sin embargo, Rogers no cita estas referencias de manera literal. Las reinterpreta desde su contexto, creando una propuesta que se siente actual y personal.

Desde el inicio de su marca, su aproximación al diseño ha sido clara: el color no es un complemento, es el punto de partida. Sus colecciones no se construyen a partir de siluetas neutras que luego se “llenan” de color, sino al revés. La paleta define la estructura, el ritmo y la intención de cada pieza. Esto se traduce en combinaciones que no buscan armonía tradicional, sino contraste, tensión, energía.

Otro elemento clave en su trabajo es la relación entre color y volumen. Rogers no utiliza tonos vibrantes en prendas minimalistas para suavizarlos, sino que los amplifica a través de siluetas que ocupan espacio. Faldas amplias, mangas exageradas, estructuras que se mueven con el cuerpo y que permiten que el color tenga presencia física. Hay una conciencia clara de cómo la luz interactúa con el tejido, de cómo el movimiento transforma la percepción del color.

Su reconocimiento en la industria llegó de manera relativamente rápida. Ganador del CFDA/Vogue Fashion Fund en 2019, Rogers se posicionó como una de las voces más interesantes de su generación. Pero más allá de los premios, lo que consolidó su relevancia fue la claridad de su propuesta en un momento donde la moda parecía inclinarse hacia la neutralidad. Mientras muchas marcas apostaban por paletas contenidas y siluetas silenciosas, él ofrecía lo contrario: prendas con intensidad y alegría.

Esta consistencia es clave para entender su impacto. Rogers no ha adaptado su lenguaje para encajar en tendencias predominantes. Por el contrario, ha mantenido una visión que, con el tiempo, ha encontrado un eco más amplio. En un contexto saturado de imágenes similares, su uso del color funciona como un punto de diferenciación inmediato.

En ese sentido, su colaboración con Old Navy adquiere una dimensión adicional. No se trata solo de llevar su estética a un público más amplio, sino de compartir una forma de entender la moda donde el color es accesible, cotidiano, posible. Donde no está reservado para ocasiones especiales, sino integrado en la vida diaria. Lo que define a Christopher John Rogers no es solo su habilidad para trabajar con el color, sino la claridad con la que entiende su significado. Para él, el color no es tendencia ni decoración. Es lenguaje, es historia, es identidad.


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