Por: Camila Castro
En el mapa global de la moda, Copenhague dejó hace tiempo de ser una parada opcional para convertirse en un destino obligatorio en el calendario de la moda. Durante años, la industria miró a la capital danesa como un destino pintoresco, un lugar donde la estética minimalista y el estilo effortless parecían nacer de manera natural. Hoy, esa mirada ha cambiado.
Lo que distingue a Copenhague de otras semanas de la moda no es únicamente su diseño o sus marcas emergentes, sino su estructura ética. Desde 2023, se convirtió en la primera Fashion Week del mundo en exigir requisitos de sostenibilidad como condición para desfilar. Aquí no basta con ser estéticamente relevante, hay que demostrar responsabilidad con el planeta, con las personas y con los procesos de producción.
En 2025, este compromiso se profundiza con la primera gran revisión de estos requisitos. La ciudad no se conforma con haber sido pionera, quiere seguir marcando el ritmo. Se han incorporado nuevos estándares mínimos, muchos de los cuales pasaron de ser promesas a obligaciones reales de implementación. Esto significa que las marcas ya no pueden esconderse detrás de estrategias de greenwashing.
Este movimiento no surge en el vacío. Responde a una lectura inteligente del panorama europeo, a las nuevas regulaciones de la Unión Europea y a un entendimiento claro de que la moda necesita un marco común para cambiar de verdad. Como señaló Cecilie Thorsmark, CEO de Copenhagen Fashion Week, el objetivo no es solo elevar la exigencia, sino construir un lenguaje compartido sobre lo que significa ser sostenible en esta industria.
Esta postura ha transformado la identidad de la ciudad dentro del circuito internacional. Mientras París, Milán, Nueva York y Londres siguen dominando el imaginario del lujo, Copenhague se ha posicionado como el epicentro de una moda que quiere ser bella y responsable al mismo tiempo.
Las marcas que desfilan aquí reflejan esta filosofía. Rotate Birger Christensen, Ganni o Baum und Pferndgarten, por ejemplo, ha logrado desarrollar un sensibilidad consciente. En sus colecciones conviven la alegría del color, texturas y materiales y una atención real a los materiales y procesos.
Este equilibrio es clave para entender por qué Copenhagen Fashion Week ha ganado relevancia. No se trata de moralizar la moda, sino de redefinirla. Las pasarelas muestran que es posible crear prendas deseables sin ignorar el impacto ambiental y social de la industria. Esta narrativa ha atraído tanto a diseñadores emergentes como a marcas consolidadas que buscan alinearse con un nuevo tipo de lujo.
Además, la ciudad misma refuerza este mensaje. Copenhague no es solo un telón de fondo, es parte del discurso. Su arquitectura, su relación con la naturaleza, su cultura ciclista y su enfoque en la calidad de vida se reflejan en la manera en que se vive y se consume la moda durante la semana de desfiles.
Sin embargo, el verdadero impacto de Copenhagen Fashion Week va más allá de sus propios límites. Al elevar constantemente sus estándares, presiona al resto de las capitales de la moda a replantearse sus prioridades. ¿Puede París seguir ignorando estas exigencias? ¿Debería Milán adoptar medidas similares? Copenhague ha demostrado que la sostenibilidad puede ser un criterio de selección tan importante como la creatividad.
También ha cambiado la conversación dentro de las marcas. Diseñadores y equipos de producción saben que participar en esta plataforma implica compromisos reales. Esto ha impulsado innovaciones en materiales reciclados, transparencia en la cadena de suministro y mejores condiciones laborales. No es una transformación perfecta, pero sí un avance tangible.
Mirando hacia el futuro, Copenhagen Fashion Week no solo se consolida como una parada obligatoria, sino como un modelo a seguir. Su influencia ya no se mide solo en tendencias estéticas, sino en cambios estructurales dentro de la industria.
En un mundo donde la moda enfrenta crecientes críticas por su impacto ambiental y social, Copenhague ofrece una respuesta clara. No se trata de frenar la creatividad, sino de canalizarla hacia un propósito mayor. Y en ese equilibrio entre belleza y responsabilidad, la ciudad ha encontrado su verdadera voz dentro del sistema de la moda.


