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El fin de la fragilidad: Cómo las franquicias del cine reescribieron el guion de los personajes femeninos

personajes femeninos
Por: Alexander Triana Yanquén

Grandes marcas del cine como Marvel, DC, Universal, entre otras han venido dando un giro quizás desesperado, o en pro de adaptarse a los tiempos modernos dejando de ver a la mujer como ‘la damisela que necesita ser rescatada’.

Hablar de cine comercial implica hacer un análisis que va más allá del presupuesto, durante décadas operó bajo una fórmula predecible en términos de marketing y relaciones públicas: el héroe de acción cargaba con el peso de la trama física y mental, mientras que los personajes femeninos quedaban relegados a ser el motor emocional del protagonista o la clásica damisela en apuros que necesitaba rescate.

Esta narrativa no solo limitaba las posibilidades creativas, sino que encasillaba el potencial comercial de las propiedades intelectuales a un público mayoritariamente masculino. Se cuestionaba y se pedía un cambio a gritos en donde se diera un valor más allá de la belleza a la mujer y se dejara de encasillar o estigmatizar al género frente a las cámaras y desde el imaginario de producción.

La industria cinematográfica hoy experimenta una de sus mayores metamorfosis de marca. Las grandes franquicias globales han entendido que la verdadera rentabilidad y la relevancia cultural ya no se logran perpetuando arquetipos de fragilidad, sino destruyéndolos.

Hollywood dio un paso importante con personalidades como Gemma Arterton que protagonizó e interpretó a Gretel en la película Hansel y Gretel: cazadores de brujas, o podemos mencionar a Sigourney Weaver, quien interpretó a Ellen Ripley en famosa saga Alien; también podemos mencionar a Milla Jovovich, quien dio vida a la famosa Alice en Resident Evil; ni que decir de Kate Beckinsale, quien dio de más para interpretar a la famosa Anna Valerius en Van Helsing, o cuando protagonizó la inolvidable franquicia Underworld, siendo la mejor mercader de la muerte, Selene.

Estos personajes evidencian que en la gran industria hacía falta que el lenguaje cinematográfico evolucionara o estaría al borde de la extinción con avances como las plataformas digitales que consumimos hoy día.

Del cliché a la complejidad: Más allá de «la mujer fuerte»

Durante la década de 2010, el error inicial de algunas campañas de publicidad y relaciones públicas, fue vender la idea de la «mujer fuerte» de forma superficial: un personaje con rostro femenino que simplemente sabía pelear, pero carecía de matices. El verdadero giro estratégico llegó cuando los estudios comprendieron que el público no buscaba superheroínas invencibles y planas, sino seres humanos complejos.

Las franquicias del universo del ciné fantástico, la ciencia ficción y la acción redefinieron su narrativa. Surgieron personajes que van dejando un claro legado histórico, como es el caso de Linda Hamilton y su interpretación de Sarah Connor en Terminator, hasta las interacciones modernas en sagas de superhéroes y distopías, demuestran que dejar de verlas como frágiles implica otorgarles tres pilares fundamentales que antes era cuestionado y se les negaban:

  • Autonomía: Sus decisiones dictan el rumbo de la trama principal, no los deseos o el rescate de un coprotagonista.
  • Vulnerables, pero no débiles: Llorar, sentir miedo o dudar ya no es sinónimo de necesitar auxilio; es la antesala de su resiliencia. El dolor humano las humaniza y conecta de forma directa con el espectador.
  • Mayor desarrollo del personaje: Dejan de ser el «interés romántico» para convertirse en el epicentro del conflicto y la solución.

El impacto en el mercado cinematográfico y el periodismo de marca

Desde la óptica del branding cinematográfico, este giro no es casualidad. Las audiencias globales —especialmente las generaciones más jóvenes— demandan autenticidad. Una marca que insista en retratar narrativas obsoletas de dependencia femenina se enfrenta a una pérdida acelerada de relevancia e ingresos en taquilla.

El periodismo de marca (brand journalism) ha encontrado en este cambio un terreno fértil para generar conversación. Ya no se promociona una película hablando únicamente de sus efectos especiales; se habla del impacto cultural del personaje, de su evolución psicológica y de cómo refleja los cambios del mundo real. El cine ha dejado de ser un mero reflejo pasivo de la sociedad para convertirse en un participante activo del cambio social, utilizando sus historias para redefinir el concepto de poder.

La consigna de Hollywood ya no es salvar a la protagonista. La verdadera misión de las franquicias modernas es construir mundos donde los personajes femeninos no tengan miedo a romperse, sangrar, y mirar con obstinación en pro de una solución desarrollada por ellas mismas, porque es precisamente en su capacidad de reconstruirse donde reside su verdadera e inquebrantable fortaleza.


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